¿Puede Amazon afectar la educación de los niños?

La situación es poco probable para una parte relevante de la población; sin embargo, ya hay países (Estados Unidos en este caso) donde la interacción de los niños con la inteligencia artificial  ha despertado una preocupación impensada: la falta de respeto y violencia que presentan los menores ante  los dispositivos “pensantes”.

Como “un parlante manos libre que controlas con tu voz”, el Amazon Echo (US$ 180)  se ha instalado en numerosos hogares de América del Norte que lo han elegido como el centro de informaciones y entretenimiento por excelencia. Conexión a radios online, servicios de música, noticias, respuestas sobre cómo estará el clima o incluso el control de las luces o temperatura, lo han convertido en un integrante más de la familia.

Hasta acá todo bien con la tecnología, pero ¿cómo ha modificado las actitudes dentro de la casa? Alice Truong, en un artículo de Quartz, señala que la excesiva tolerancia o flexibilidad de la inteligencia artificial promueve los malos modales de los niños.

“He visto cómo mis hijos presionan a la asistente virtual mucho más de cómo lo harían con cualquier humano” comenta Avi Greengart, analista de tecnología y padre de cinco niños con residencia en New Jersey. “La inteligencia artificial jamás les dice eso fue grosero o me cansé de que me hagas siempre la misma pregunta” indica este padre que no vería con malos ojos que el dispositivo les obligará a pedir por favor y dar las gracias.

Lanzado en 2014, Amazon jamás pensó en la facilidad que tendrían los niños para comunicarse por voz con Alexa (como llaman a su asistente), por lo que el tema de la “buena educación” para entregarle instrucciones nunca estuvo considerado. El tema ha cobrado relevancia puesto que, tras el éxito de Echo, tanto Google como Apple anunciaron el próximo o lanzamiento de sus asistentes “hogareños”.

¿Es esta una preocupación tan artificial como la inteligencia de los aparatos? La palabra final, y responsabilidad, en la educación de los hijos recaerá siempre sobre los padres más que un dispositivo electrónico pero ya se está expresando la preocupación porque haya niños que no distingan entre la interacción con humanos o con un “gadget” sin sentimientos. . Al final, y como dice uno de los padres en la nota de Quartz, su tarea como educador no pudo ser tercerizada y trabajó por  “convencer a mi hija, de cuatro años, que Alexa no la escuchará o responderá si no le dice por favor o gracias”.